¡La vida es diversidad!

Internacional
Hay un miedo culturalmente arraigado al extranjero. Muchas veces esto alimenta las miradas peyorativas, prejuiciadas, que discriminan, ofenden y dañan la dignidad. ¿Quién no es inmigrante?

Hace una semana encontré una piedra en el mar Mediterráneo en la cual se fusionaban diversos tipos de material rocoso, con una variedad grande de colores y de características, las más destacadas eran un blanco intenso como de mármol y un gris profundo como volcánico. En este mismo mar, pensaba, se están fraguando contradicciones enormes entre los inmigrantes de África y la Europa de los Derechos Humanos, de la libertad y supuesta justicia. Las dificultades para contemplar, escuchar y empatizar con los otros, en particular con los ‘diversos’ cuando los tenemos cercanos no es fácil. La inclusión y aceptación presenta muchos obstáculos, es un camino más difícil que el que debe haber realizado la piedra encontrada para integrarse.

Hay un miedo culturalmente arraigado al extranjero, un extendido sentimiento de que si se quedan nos usurparán los bienes, las oportunidades, los servicios y espacios públicos y finalmente también la identidad. Muchas veces esto alimenta las miradas peyorativas, prejuiciadas, que discriminan, ofenden y dañan la dignidad. ¿Quién no es inmigrante?

La riqueza presente en las personas y comunidades provenientes de los diferentes puntos del mundo es inmensa, necesaria y fundamental para la sobrevivencia de los seres humanos, así ha sucedido a lo largo de la historia y todos nos hemos visto beneficiados por ello. En el continente americano habitamos maravillosas y ricas culturas, la conforman comunidades que emigraron hace milenios de lejanos territorios y que se extendieron por estas tierras, otras que lo hicieron hace unos siglos aportando sus costumbres y hábitos de vida, y los hay también que en décadas recientes por diferentes motivos han tenido que emigrar entre nuestros propios países, todas ellas nos regalan lo que somos, son parte de nuestra excepcional identidad y aportan esa ‘sangre vital’ que moviliza la cultura y la sociedad.

Para valorizar al otro que es diverso es necesario primero contemplarlo y escucharlo, darse el tiempo de conocerlo para aceptarlo y quererlo, para empatizar y estar cercano, no se puede reconocer la riqueza y la necesidad de ‘otro’ si no nos dejamos los espacios para hacerlo, y dada esta cultura actual que primero juzga y discrimina, es con mayor razón necesario tomar proactivamente la iniciativa ‘abajándose’. De esto dependerá la solidaridad y sobrevivencia futura, de que en medio de la rica diversidad nos reconozcamos con una igual dignidad, y en América Solidaria no solo soñamos con ello sino que diariamente trabajamos para ello.

Benito Baranda
Presidente Ejecutivo de América Solidaria