15 años de América Solidaria: testimonio de un ex voluntario

Internacional
El pasado 25 de octubre, América Solidaria celebró su 15° aniversario. El mismo día, el educador y ex voluntario en Haití, Nicolás Iglesias, representaba a la fundación en una feria laboral en el sur de Chile. Éste es su testimonio.

Hola buenos días. Mi nombre es Nicolás Iglesias, pertenezco hoy a un pequeño comité de América Solidaria en el sur de Chile, aunque antes trabajé como voluntario profesional de esta misma organización en Haití por un año y medio. Quiero decir antes que nada que es bonito estar acá hablando con ustedes en el mismo día que América Solidaria está cumpliendo 15 años de vida. Es gracioso celebrar el cumpleaños de una organización que bien en el fondo desearía no existir. Ya volveremos a eso.

Hoy vengo a contarles un poco mi experiencia transformando mi profesión, y no sólo mi profesión sino que también mi vida en un voluntariado, de los elementos positivos que eso me trajo, y de las problemáticas también. Esta experiencia se ve transformada por mi paso en Haití. Pero antes quiero empezar diciendo que en mi vida me ha atravesado una pregunta radical de la que todavía no encuentro una respuesta, y ojalá que con ustedes podamos ir develándola un poco más: esta es “¿Quién soy yo para ‘ayudar’ a otro?”.

Cuando yo era chico mis padres me repetían constantemente dos cosas: primero, que pensara antes de hablar, aunque eso no tiene nada que ver, y segundo: “trata al otro como quieres que te traten”. ¿Al otro como quieres que te traten? ¿Cuántos de ustedes han escuchado esta frase? Hoy por hoy me doy cuenta que esto me marcó a fuego, ¿por qué? Primero porque me ponía del otro lado, del lado del que ayudaba, o “trataba” al otro, y segundo porque inevitablemente, y más inconscientemente al principio, siempre había algo que recibir, algo de vuelta.

Esta frase es muy parecida a otra frase que he escuchado mucho y que yo mismo he usado alguna vez: “fui a ayudar y me ayudaron a mí”, o “fui a misionar y me misionaron a mí”, “recibí más de lo que di” y así etc. Etc. dependiendo del contexto. ¿Y qué pasa si no recibo nada? ¿Si no me siento gratificado por mi trabajo o voluntariado? El voluntariado del día de hoy sufre de un individualismo excesivo donde parece que el dar por el dar se ha extinguido, puesto que si no me siento bien, si no me siento satisfecho y no encuentro placer en ello, entonces no lo hago, ¿para qué? Si no vine a esta vida a sufrir.

Cuando era adolescente, y hacía voluntariados de construcción, o de educación, me sentía incompleto. Lo primero que me movía, es cierto, era mi propia realización, el sentir que estaba haciendo algo  bueno por el otro, el sentir yo mismo el abrazo o la gratitud de la gente. Pero eso inevitablemente se terminaba, tanto como por el plazo del proyecto o porque tampoco era necesario exigir eso. Y ahí dije: bueno, esto no es suficiente, habrá que trabajar por ello. Y decidí ser educador de párvulos, elemento que da para otra charla completamente.


(Este texto se publicó en el medio online Sitio Cero. Para leer la versión completa, haz clic aquí.)