15 años de América Solidaria: las raíces de un sueño

Internacional
"El corazón, alma y lo que guía el espíritu de nuestra América Solidaria es por un lado rebelarnos frente a la injusticia y la falta de oportunidades y por otro lado la esperanza que nos muestra a diario la riqueza humana de nuestras ricas culturas y de las personas y territorios que nos reciben."

 

por Roberto García & Benito Baranda

A inicios del año 1997 fuimos convocados por la Iglesia de Santiago a colaborar de manera voluntaria con la organización del Encuentro Continental de Jóvenes que se realizaría en 1998 en nuestro país, ambos pasamos a conformar el grupo encargado del Día de la Solidaridad y para ello nos dedicamos a identificar espacios de servicio para los cerca de 500.000 jóvenes que llegarían a Santiago de Chile, con el objetivo de que en ese día lograrán tener una experiencia solidaria que los afectara íntimamente. El Encuentro Continental resultó maravilloso, de la mano del entusiasmo juvenil y de esa tendencia al servicio que los moviliza, el Día de la Solidaridad logró su objetivo y, además de las actividades planificadas, sumó una colecta de ayuda a los jóvenes de Haití con el fin de construir un espacio para ellos en Puerto Príncipe. Aquí está el germen de América Solidaria.

En 1999 vistamos Puerto Príncipe para iniciar la construcción del Centro de Pastoral Juvenil, en un terreno a las afueras (Croix de Buquets) donde ya trabajaban los Padres Scalabrinianos (Italia) y las Hermanas Dominicas (Colombia). En el mismo predio funcionaba un Centro de Salud que tenía intensa actividad solo 15 días al año con la visita de médicos voluntarios de EEUU, al verlo sugerimos enviar profesionales voluntarios de Chile para que no cerrara los otros 350 días, y así fue como el año 2002 salieron los primeros médicos chilenos a los que los meses siguientes se fueron sumando más jóvenes voluntarios de otras áreas.

Si bien fue hace 15 años que llegamos con jóvenes voluntarios, fue realmente hace 19 que nos inspiramos, desde esa fecha hasta hoy no nos hemos detenido ya que nos quema por dentro el abandono que viven millones de niños y niñas en el continente, el abuso y maltrato al que son expuestos, la indiferencia que por momentos ronda a los Estados y a la sociedad civil al respecto. Esto nos hiere e indigna, pero a su vez nos moviliza y compromete. Desde esa fecha y gracias a la colaboración de muchas y muchos la propagación de América Solidaria ha sido persistente y silenciosa. De esta forma miles de personas se han movilizado, algunos para acompañar directamente los programas existentes (voluntarios profesionales y equipos ejecutivos), otros para darle seguridad jurídica y estabilidad a los equipos en los países (directores), los hay aquellos que financian y aportan desde sus saberes (asesores voluntarios, donantes y socios), y hay también empresas y organismo de cooperación con los cuales en alianza hacemos presencia activa en el territorio.

América Solidaria esta llamada a ser una RED que permita la colaboración de muchas personas para aportar a un desarrollo más justo en nuestro continente, fortaleciendo las raíces y comunicación entre nuestros distintos países, superando los prejuicios y divisiones para lograr en conjunto superar la pobreza en nuestro continente, especialmente aquella pobreza infantil que hipoteca la vida de tantos y tantas. El llamado es urgente, tenemos que unir fuerzas entre los distintos estamentos de nuestra sociedad, comprender que nadie sobra y creer en el lema haitiano, la unidad hace la fuerza, lo que nos hace recordar las palabras que nos dijo monseñor Louis Kebreau al reflexionar sobre la necesidad que teníamos de mandar jóvenes chilenos a lugares tan alejados como Haití, “ustedes me han enseñado que Solidaridad es proximidad”.

En estos años esta proximidad la hemos sentido en la simpatía, acogida y el dolor de Puerto Príncipe, las verdes praderas de Uspantán, el caluroso recibimiento en San Rafael del sur, la templada altura de Bogotá, el dinámico paisaje de Guayaquil, las pedregosas colinas de Lima y el sublime altiplano de Ayaviri, la ‘mano’ del volcán Juno en Tiraque y en el techo de la tierra en El Alto, a las afueras de Montevideo y Buenos Aires, en las puertas de Formosa y Salta, en los cordones poblacionales de Santiago y Concepción, en las calles de San Antonio (TX), en buenas cuentas desde las frías y húmedas tierras de Chiloé hasta los barrios periféricos de Washington, no han dejado de latir centenares de corazones ansiosos de justicia, movilizando su voluntad e inteligencia en la construcción de un continente más igualitario.

En medio de este continente nos levantamos para afirmar una vez más que queremos jugar un rol clave en la construcción de un futuro mejor para los niños y niñas que aquí habitan. El corazón, alma y lo que guía el espíritu de nuestra América Solidaria es por un lado rebelarnos frente a la injusticia y la falta de oportunidades y por otro lado la esperanza que nos muestra a diario la riqueza humana de nuestras ricas culturas y de las personas y territorios que nos reciben. La historia ha demostrado que si un grupo de personas se une por una noble y justa causa es posible modificar las condiciones adversas en que se vive.

América es un continente cuyos habitantes necesitamos mirarnos mutuamente con mayor dignidad, reconocernos repletos de riquezas y de capacidades, y que requerimos para aprovecharlas un trabajo colectivo comprometido. Ya es tiempo de hacerlo, destinemos tiempo a mirarnos y valorizarnos, para luego relacionarnos de manera igualitaria derribando los prejuicios y la discriminación, y así lograremos construir políticas sociales basadas en derechos, mercados fundados en la justicia y una sociedad civil madura y responsable de su propio desarrollo sin olvidar el de los demás y colaborando con la vida en sociedad que estamos llamados a humanizar.

Superar la exclusión social y disminuir la desigualdad en el continente nos traerá un mejor desarrollo y paz social, y es posible hacerlo entre todos y todas!