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	<title>Fundación América Solidaria &#187; Testimonios</title>
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		<title>Esperanza cubierta en sábanas de lino</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Feb 2010 20:06:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>América Solidaria</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Haití]]></category>
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Gonzalo fue uno de los tantos voluntarios de América Solidaria que el año 2008 partió con destino a Puerto Príncipe. Luego de 6 meses de labores regresó a Chile cargado de ideas para seguir ayudando a la población de este país caribeño. Es por ello que frente a la delicada situación después del terremoto no lo pensó dos veces, armó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/gonzalo2publicado2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1391" title="gonzalo2publicado" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/gonzalo2publicado2.jpg" alt="" width="448" height="251" /></a><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/campamentos-de-lino-publicado.jpg"></a></p>
<p>Gonzalo fue uno de los tantos voluntarios de América Solidaria que el año 2008 partió con destino a Puerto Príncipe. Luego de 6 meses de labores regresó a Chile cargado de ideas para seguir ayudando a la población de este país caribeño. Es por ello que frente a la delicada situación después del terremoto no lo pensó dos veces, armó sus maletas y volvió a Haití con AS. Este es el testimonio de un regreso cargado de esperanza.</p>
<p><strong>Por Gonzalo Infante (matrón)<br />
Voluntario AS en Haití.</strong></p>
<p><span id="more-1386"></span></p>
<p>El regreso fue tal como la primera vez: un aterrizaje tranquilo, el golpe de calor intenso como bienvenida y la humedad típica del Caribe que te pega las ropas al cuerpo.</p>
<p>No podíamos ver nada más allá de los aviones asentados en el aeropuerto. La oscuridad de la noche era implacable. Al día siguiente montamos una camioneta hacia Cafoj, el seminario que nos acogería en esta oportunidad. Mi primera impresión fue de normalidad y sorpresa al ver a un señor haitiano trotando con el rocío de la mañana. Sin embargo, a poco andar una enorme casa totalmente destruida adornaba las calles que a esa hora se encontraban aún expeditas.</p>
<p>Durante el viaje pasamos por el costado de un improvisado campamento. Levantado a partir de sábanas rasgadas por el tiempo estaba colmado de gente, niños corriendo y madres observando con miradas atentas. Sin servicios básicos y carente de luz como hace bastante tiempo, eran muchos los pequeños que se ubicaban alrededor de una señora cocinando en esas ollas grandes y comunitarias que siempre resultan ser solidarias.</p>
<p>30 minutos más tarde llegamos a la Klinik (centro de atención primaria) donde trabajamos hace 7 años. El “buenos días” podía ser también un “good morning”, “bonjou”, “bonjour” o “buongiorno”. Estaba llena de gente de los más diversos países. Seminaristas y monjas, cooperantes, médicos, educadores y haitianos trabajando desde la salida del primer rayo de sol. Lo más interesante de esta torre de babel eran los profundos deseos de ayudar a este país del Caribe.</p>
<p>Durante la tarde llegó el doctor Gordon Krauss, el cual inició la misión médica en Haití con América Solidaria, acompañado de un equipo de 15 especialistas estadounidenses. Atiné a decir “Welcome” y los vi pasar a mi costado con un esbozo de sonrisa. Al día siguiente, arribaron dos containers enormes llenos de medicamentos. Entre todos descargamos la ayuda con energía, un poco de fuerza y una que otra carcajada.</p>
<p>El inicio del trabajo en el centro fue arduo: atención médica, el regreso de las embarazadas y la planificación con la hermana Ana Patricia y el doctor Gordon. Paralelamente los médicos estadounidenses armaron un pabellón quirúrgico en una par de horas. Sin distinguir mérito académico ni experticia profesional nadie dudaba entre barrer o disponer las manos para algún procedimiento complejo. Seguíamos sumando energía colectiva.</p>
<p>Con Arturo fuimos al sector de Bati Kay. No había casa sin daños. Algunas en el suelo y otras con sus cimientos debilitados. Las personas se encontraban bien y con esperanzas de salir adelante. Sin embargo, el temor de dormir nuevamente bajo un techo enclenque permanecía intacto.</p>
<p>Volvimos a ver a Alexan. Un pequeño que después de haber tenido una herida en una pierna y posteriores curaciones había mejorado totalmente. Estaba más alto y alegre. Como todas las veces que bailó al ritmo del rap haitiano con quienes vivieron en nuestra casa de ese país.</p>
<p>Luego de recorrer una serie de hogares me quedo absolutamente mudo.  Observo una niña de unos 4 años cargando a su hermanita. La madre dormía al costado de la casa rodeada de otros pequeños. El amor y valentía de estas personitas de ojos saltones permanece increíblemente inalterado.</p>
<p><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/hermanas.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1396" title="hermanas" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/hermanas.jpg" alt="" width="448" height="336" /></a></p>
<p>El día martes nos dirigimos a La Ville, la parte central de Puerto Príncipe. El lugar más afectado por el sismo. La congestión hace la ruta intransitable. Luego de un vertiginoso viaje de más de una hora llegamos a dicho sitio. El palacio de Gobierno (réplica del que existe en Versalles)  estaba reducido a ruinas. Por lo mismo, la plaza contigua a este edificio se había convertido en una pequeña metrópoli donde, eso sí, predominaban las carpas y algunos toldos que resguardaban a las personas.</p>
<p>El comercio seguía vigente. Las motos taxi  trabajaban con normalidad y, justo en ese momento, pasó un furgón a mal traer con parlantes incluidos. El cual difundía un mensaje con mucho ritmo para enseñar el uso correcto del agua. Las emociones se agolpan en mi corazón. Pegándose de manera más potente al cuerpo que la ropa al momento de volver a Haití.</p>
<p>Subimos un poco más y la imagen no cambiaba. Todo estaba por los suelos: colegios primarios, secundarios, escuelas básicas, casas, negocios. Absolutamente todo. Grandes montañas de escombros reunían a las familias que buscaban a los suyos. El hedor de los fallecidos enterrados se sentía con fuerza. Contengo las lágrimas y me vuelvo a preguntar una y otra vez: ¿Por qué?</p>
<p>Observo a mi alrededor y a pesar de todo sigo descubriendo sonrisas, atrapadas en grandes y enormes dientes blancos de niños y gente adulta quienes entienden que sólo Bondieu sabe el porqué de esta catástrofe.</p>
<p>De vuelta en la Klinik nos juntamos con otros voluntarios, que agotados por la jornada laboral se suman en la siguiente reflexión: ¿Cómo podemos ayudar y trabajar mejor?</p>
<p>Con el pasar de los días llega Esmeralda Cherie. Una niña que después de meses de arduo trabajo inserta en el programa de desnutrición logra ser dada de alta. Camina firme y se ríe. Es la alegría de las pequeñas grandes cosas del lugar.</p>
<p>Los médicos estadounidenses operan pacientes que en años anteriores tendrían que haber albergado sólo la esperanza. Son tipos amables los “gringos”. Dispuestos al sacrificio y acompañados por las fotos de sus esposas, familias e hijos. Son y somos parte del equipo en la Klinik.</p>
<p>Amigos, hay mucho que contar pero aún más por hacer.</p>
<p>Cada día es una mezcla de emociones, sensaciones, sentimientos, olores, colores. De todo un poco. Hay horas de llanto y tristeza pero son más las de esperanza. Esa que hoy se levanta en aquellos campamentos de sábanas de lino.</p>
<p><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/campamentos-de-lino-publicado1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1394" title="campamentos de lino publicado" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/campamentos-de-lino-publicado1.jpg" alt="" width="448" height="336" /></a></p>
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		<title>Testimonio: De vuelta en Chile pensando en Haití</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Feb 2010 19:39:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>América Solidaria</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Novedades]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios]]></category>

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Ya han pasado días desde que regresé de Haití, y cada día pienso en que debería estar allá, cada día se vienen imágenes, recuerdos, de los hermosos días vividos en tan lindo país, un país en que sus habitantes nos regalaban una sonrisa, un pueblo que nos enseñó a ser felices, a ser amigos, a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/pia1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1381" title="pia1" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/pia1.jpg" alt="" width="413" height="310" /></a></p>
<p>Ya han pasado días desde que regresé de Haití, y cada día pienso en que debería estar allá, cada día se vienen imágenes, recuerdos, de los hermosos días vividos en tan lindo país, un país en que sus habitantes nos regalaban una sonrisa, un pueblo que nos enseñó a ser felices, a ser amigos, a ser personas.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Por Pía Chieyssal (odontóloga), voluntaria AS en Haití</strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong><span id="more-1379"></span><br />
</strong></p>
<p>No puedo borrar de mi cabeza aquella mañana antes del terremoto, una Klinik atestada de pacientes, un médico y una odontóloga que trataban de hacer lo posible para dar respuesta a las necesidades de nuestros pacientes que ese día se presentaban;  ya cansados,  pero con la certeza que estábamos dando lo mejor y eso era un aliciente y nos hacía felices.</p>
<p>Luego, por la tarde, ya en nuestra casa, nos dimos un tiempo para descansar. Quién diría que esa tarde sería la última que estaríamos en nuestra casa tomándonos la “susi” como le llamábamos algunos voluntarios al descanso después de almuerzo. Cómo se ansía volver a estar allá, volver a vivir cada minuto que muchas veces nos pasaba inadvertido, cada noche de conversación en que no teníamos, luz pero siempre algo se nos ocurría, esa linda sonrisa de nuestra querida Nate y los momentos filosóficos que tal vez el ocio hacia aflorar.</p>
<p>Luego llegan los recuerdos de un Haití que aprendimos a conocer, con su alegre desorden en las calles, el ruido, las motos, los <em>Tap Tap</em> (micro local), esas conversaciones con un <em>creol</em> poco limpio, en que se me hacia más fácil hablar que entenderles. Nunca logré entenderles a la perfección, pero siempre había una sonrisa para decirnos “no me importa que no me entiendas, estoy feliz que hables creol”. Ese imperfecto <em>creol</em>, que nos llevó a crear fuertes lazos de amistad, ese <em>creol</em> que nos ayudó a acompañar a tantos heridos y moribundos que quedaron después de tan trágico terremoto. Qué felices éramos cuando podíamos entregar una palabra de aliento, explicarles cuáles eran los procedimientos a seguir. Y por otra parte, qué frustración sentíamos al explicarle a alguien que estaba muy grave o que necesitaba otro tipo de atención y debía partir a otro lugar porque no teníamos los medios. Y siempre con una sonrisa nos respondía “ok los entendemos”. Es por eso que me llaman la atención las noticias de violencia que se muestran, pero lo entiendo. Yo conozco un pueblo amable, la desesperación los debe haber llevado a ese comportamiento. ¿Cuántos días estamos dispuestos nosotros a no comer ni tomar agua?</p>
<p>Cada noche al dormir, mi último pensamiento es para Haití, mi último rezo es para ellos, por que estoy orgullosa de haber conocido a personas tan valientes, dignas y felices. Cada noche recuerdo a tantos con los cuales compartimos, tantos que quisimos, y que no sabemos en qué condiciones están viviendo o en qué condiciones han muerto, por que de eso no tenemos ninguna certeza y eso angustia.</p>
<p>La vorágine de imágenes en los noticiarios ya han desaparecido o son muy pocas, y con ello el país que vi sencibilizado a mi llegada y que me llegó a emocionar también están desapareciendo. Hay noticias mas importantes que absorver por ahora. Las vacaciones, noticias de farándula o deportivas, los Oscar, la última película, que el nivel de compras en el país ha aumentado, dimes y diretes políticos, han desplazado las noticias de Haití, ¡qué decepción!</p>
<p>Mientras a varios kilómetros de aquí, un país día a día trata de levantarse, con el dolor de haber perdido a sus seres queridos, o de no saber dónde están, con un gran número de personas cercenadas y que requieren amputación, con un gran número de niños huérfanos en que se aprovecha la ocasión para el tráfico o ser utilizados en cosas que ellos por su corta edad no estan listos para experimentar. Sé que existe interés de adoptarlos, pero hay que tener cuidado, de no pensar las cosas desde el corazón solamente.</p>
<p>Bueno me faltan palabras para poder decir cuántos sentimientos me embargan por estos días, para mostrarle al mundo qué es en definitiva Haití, no existe manera de poder imaginarlo, sólo puedes hacerte una idea como yo cuando lo has vivido y cuando lo has sentido. Haití es mucho mas que estadísticas, es mucho más que el tercer país más pobre del mundo, con una alta tasa de analfabetismo y que otros números que no les son favorables. Haití es un país con muchas ganas de surgir, con gente muy valiosa, con niños con una inteligencia que impacta, y un nivel de solidaridad nunca antes visto. ¿Eso será poco? Queda la pregunta, no importa no ser un país desarrollado, no importa tener  grandes y modernas ciudades, ellos nos han enseñado que es posible vivir y eso es lo que importa.</p>
<p>Tengo la fé que podrán sobreponerse a tamaña tragedia, tengo la fé que seguirán sonriendo, cantando y bailando. Ansío retroceder el tiempo, para poder abrazar a cada uno de nuestros amigos, para ver los vendedores en las calles, los <em>Tap Tap</em> recorriendo las calles, ver el Haití que yo conocí.</p>
<p><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/Pía2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1384" title="Pía2" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/Pía2.jpg" alt="" width="413" height="310" /></a></p>
<div><span style="font-family: 'Times New Roman', 'Times New Roman', 'Bitstream Charter', Times, serif; font-size: small;"><br />
</span></div>
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		<title>Haití y sus nuevos desafíos</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Feb 2010 23:27:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>América Solidaria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Haití]]></category>
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Después de días frenéticos de actividades, en que se duerme poco y las emociones están a mil, hay ciertas cosas del nuevo Haití que empiezan a distinguirse con claridad. Hemos visitado nuestros antiguos lugares de trabajo, hablado con muchos haitianos y personas que trabajan en instituciones de cooperación, y hemos podido tomar el pulso a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/Testim2_1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1354" title="Testim2_1" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/Testim2_1.jpg" alt="" width="413" height="550" /></a></p>
<p>Después de días frenéticos de actividades, en que se duerme poco y las emociones están a mil, hay ciertas cosas del nuevo Haití que empiezan a distinguirse con claridad. Hemos visitado nuestros antiguos lugares de trabajo, hablado con muchos haitianos y personas que trabajan en instituciones de cooperación, y hemos podido tomar el pulso a un país que no se va a quedar en el suelo. Ante nuestros ojos y nuestros corazones, están las primeras intuiciones de los nuevos desafíos que esta catástrofe impone al pueblo haitiano y a todos los amigos con los que hemos decidido caminar juntos.</p>
<p><span id="more-1353"></span>En la Klinik, en el área de Salud hemos atendido frenéticamente para poder ofrecer soluciones a cientos de personas que día a día acuden al centro de atención. Nos queda claro que todo lo avanzado en los últimos años se ha venido al suelo. Atendemos muchos heridos leves (con dolor nos damos cuenta que probablemente el destino fatal de los heridos graves ya se ha desencadenado), casos de enfermedades primarias y casos que se solucionan con un kilo de arroz….  Haití es nuevamente la tierra de <em>grangou</em> (hambre). Como en los viejos tiempos, mucha de la gente que asiste a la Klinik aquejada del mal de no tener nada para comer. Con las hermanas que atienden la Klinik, repartimos la comida que nos ha llegado de la cooperación internacional según las priorizaciones que hacen los médicos. Los pacientes se van aliviados de sus dolores, con algo para comer por un par de días, y nosotros nos quedamos afligidos sabiendo que hemos aliviado el dolor, pero que no hemos erradicado sus causas. Urge restablecer los sistemas de atención, poder hacer seguimiento a los tratamientos, salir de la urgencia inmediata para poder dejar de retroceder en todo lo avanzado.</p>
<p>En las noches, cuando el equipo medico se reúne a recoger el día, miramos el cielo, y rogamos que por un tiempo no llueva. Nos angustia pensar en las miles de familias que están viviendo en improvisados campamentos de tiendas de tela. Pero el real peligro son los muertos que todavía están bajo los escombros, la inmundicia, toda la basura sin recoger que cuando sea tocada por el agua desatará una situación epidemiológica de infecciones que podría crear una avalancha de pacientes graves que acudirán con cuadros agudos y que el golpeado sistema de salud haitiano no podrá absolver. Sólo podemos levantar las miradas al cielo, y suplicar que si hay alguien ahí arriba, que detenga la lluvia…</p>
<p>La situación de los proyectos de vivienda impulsados por AS también fue reconocida. Junto a nuestros amigos de la Pastoral Universitaria Haitiana, recorrimos las viviendas de Croix de Busquets construidas en conjunto en el marco del proyecto <em>Bati Kay</em>. Si bien un porcentaje menor de las casas están en el suelo, casi todas ellas tienen daños en su estructura. Daños mas o menos graves, que sumados al temor de la población, no acostumbrada a situaciones sísmicas, tiene a cientos de familias durmiendo al aire libre. Es dramático ver cómo se vuelve a casas livianas, que son soluciones temporales. Casas de ramas y barro,  oscuras, mal ventiladas, que no ofrecen condiciones de habitabilidad, pero que no les generan el temor de ser aplastados por losas de cemento. Lo que tenemos claro, es que el Bati Kay debe ser reformulado. Sus grandes logros (sistema constructivo que permite la participación, adecuación cultural a la cosmovisión haitiana, bajo precio y durabilidad) no son compatibles con la nueva situación sísmica del país. Con nuestros amigos, tenemos el desafío de encontrar una respuesta compatible al nuevo escenario que Haití plantea.</p>
<p><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/casa-comunitaria1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1356" title="casa comunitaria" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/02/casa-comunitaria1.jpg" alt="" width="413" height="232" /></a></p>
<p>El tercer desafío, que probablemente sea el mayor, tiene que ver con los cientos de miles de desplazados que el terremoto ha dejado. Miles y miles de personas han sido, voluntaria o forzadamente, reubicados. Entre la migración ciudad campo y la constitución de enormes campos de refugiados, Haití se enfrenta a una total reconfiguración de la organización social de la sociedad, y un nuevo abanico de problemas emergentes para los que todos debemos prepararnos. ¿Cómo asegurar condiciones mínimas de salud? ¿Cómo continuar la educación de los niños en los campamentos? ¿Cómo trabajar con los haitianos para que los campamentos no sean soluciones definitivas que reconfiguren la sociedad haitiana, sino que sean soluciones transitorias mientras se soluciona la emergencia en Puerto Príncipe?</p>
<p>Los voluntarios de AS ya están en terreno. En el <em>triage </em>(selección de pacientes) de cada día, buscamos generar una primera señal de normalidad y una apuesta por que los recursos (humanos y médicos) deben usarse para solucionar lo urgente y para brindar oportunidades de desarrollo. Y con ahínco, buscamos soluciones a las nuevas urgencias. Una cosa sí tenemos claro: no tenemos mucho tiempo, pero, nos sobran  oportunidades para que Haití y sus amigos saquen toda la solidaridad y creatividad que tenemos dentro.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por Arturo Celedón<br />
Director de Voluntariado AS<br />
Desde Puerto Príncipe</strong></p>
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