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	<title>Fundación América Solidaria &#187; Chile</title>
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		<title>&#8220;Dicha pura&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Mar 2010 20:28:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>América Solidaria</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Yanira Clasing es una voluntaria retornada de América Solidaria. Durante el 2009, estuvo en Guayaquil, Ecuador, trabajando en una casa de acogida para mujeres víctimas de violencia. Esta experiencia la marcó para seguir velando por los más necesitados. Es por ello, que ahora se encuentra en Dichato, bajo el alero del Hogar de  Cristo, “para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/Yanira3final.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1605" title="Yanira3final" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/Yanira3final.jpg" alt="" width="448" height="269" /></a>Yanira Clasing es una voluntaria retornada de América Solidaria. Durante el 2009, estuvo en Guayaquil, Ecuador, trabajando en una casa de acogida para mujeres víctimas de violencia. Esta experiencia la marcó para seguir velando por los más necesitados. Es por ello, que ahora se encuentra en Dichato, bajo el alero del Hogar de  Cristo, “para estar con la gente y ayudarles a superar los problema del terremoto”.</p>
<p><strong>Yanira Clasing<br />
Trabajadora Social<br />
Voluntaria retornada. Guayaquil, Ecuador 2009</strong></p>
<p><span id="more-1604"></span></p>
<p>Estoy en una de las zonas más afectadas por el terremoto y posterior maremoto: Dichato.</p>
<p>Es una localidad ubicada a 40 kilómetros de Concepción. Antes de la tragedia sus habitantes vivían del mar y el turismo, hoy la caleta está devastada. El mar destruyó casi todo el pueblo, las aguas están contaminadas y las familias sin casas.</p>
<p>Tras el terrible sismo de 8.8 grados Richter de magnitud huyeron a los cerros y allí improvisaron campamentos. El frío y la lluvia por la noche hacen aún más tétrica la escena.</p>
<p>Diariamente, subo con un grupo de voluntarios del Hogar de Cristo a dejar la ayuda que nos llega, a jugar y hacer estimulación con los niños, a organizar talleres para superar el trauma, a limpiar casas y coordinar sinergias.</p>
<p>De regreso, debo cruzar por los escombros. El olor a putrefacción y humo se mezcla con el polvo. Aquí todo gira en torno al terremoto. Jugar arriba de una lancha destrozada y gritar “viene la ola” es el pasatiempo favorito de los más pequeños. Casi siempre los adultos están en reuniones.</p>
<p>Es increíble pensar que lo único que anhelan es poder vivir en la &#8220;normalidad&#8221;, ver tranquilos la tele, jugar a la pelota en la cancha, poder comprar lo que les guste y trabajar. Pero esa realidad hoy se ve muy distante.</p>
<p>A pesar de todo, los dichatinos le hacen honor a su gentilicio y lo que poseen es dicha pura, ánimo y fe ante todo. Tienen la certeza que su querido pueblo se levantará y será mejor que antes. Cantan cumbias, se tiran tallas y molestan a los personajes que se han hecho conocidos post terremoto: dirigentes vecinales, delegados municipales, entre muchos otros.</p>
<p>Un día nos tocó la lluvia en un campamento y con una señora nos protegimos en una carpa. Seguí conversando con ella, pero preocupada me dijo: “señorita, estamos en la carpa de Qatar y estos locos viven en el desierto y allá no llueve. Mejor vámonos a la de Noruega porque ellos sí que saben de precipitaciones y nieve”. Le encontré su lógica y nos fuimos muertas de risa.</p>
<p>En medio de la destrucción, la quema de escombros, la falta de comodidades y los cuerpos encontrados, la gente de este pueblo tiene la esperanza de que algún día los niños podrán retornar a clases o que llegará el momento donde abrirán una llave y les saldrá agua. En fin…</p>
<p>Por mi parte anhelo ese día. Quiero ser partícipe del desarrollo, testigo de los sueños colectivos y quiero estar aquí para que cuando llegue esa jornada poder celebrarlo con todos ellos.</p>
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		<title>Una sonrisa que busca superar la tragedia</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Mar 2010 18:07:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>América Solidaria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Chile]]></category>
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		<description><![CDATA[En medio de su trabajo en Alto del Carmen Geovanny Guerrero, voluntario ecuatoriano de América Solidaria, no lo pensó dos veces. Quería ir en ayuda de los damnificados por el terremoto. Buscó cómo hacerlo y lo logró. Así fue, que este ingeniero en sistemas computacionales, estuvo durante 6 días regalando alegría y carcajadas a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/geovannyguerreroportada.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1574" title="geovannyguerreroportada" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/geovannyguerreroportada.jpg" alt="" width="448" height="336" /></a>En medio de su trabajo en Alto del Carmen Geovanny Guerrero, voluntario ecuatoriano de América Solidaria, no lo pensó dos veces. Quería ir en ayuda de los damnificados por el terremoto. Buscó cómo hacerlo y lo logró. Así fue, que este ingeniero en sistemas computacionales, estuvo durante 6 días regalando alegría y carcajadas a la gente que lo había perdido todo. Esta es una más de las cientos de historias particulares que buscan entregar un grano de esperanza en medio de esta tragedia.</p>
<p><strong>Geovanny Guerrero T.<br />
Voluntario Ecuatoriano de América Solidaria</strong></p>
<p><span id="more-1573"></span></p>
<p>En la madrugada del sábado 27 de febrero, cuando estaba reunido junto a unos amigos sentí cómo se estremeció y tembló la pacha mama. Fueron dos minutos que provocaron el corte de la energía eléctrica y el colapso del servicio telefónico. Al rato, nos fuimos calmando y, sin novedad alguna, partimos rumbo a nuestras casas pues la fiesta se había terminado. Sin embargo, al despertar el pequeño sismo que afectó a nuestra comuna había mostrado su peor rostro en las regiones del centro y sur de Chile: un terremoto de 8.8 grados Richter acompañado de un maremoto había castigado a gran parte del territorio.</p>
<p>No podía salir de la admiración y asombro de estar sano y salvo ante tanta desgracia en el país que me había acogido para realizar el voluntariado. Luego, a reglón seguido, pensé en Macky la otra voluntaria ecuatoriana que estaba de vacaciones en el sur. Comencé a llamarla. No había caso. Ningún servicio funcionaba. Me imaginé que esta noticia correría por todo el mundo y mi familia en Ecuador estaría muy preocupada. Tampoco pude contactarme con ellos hasta que me ayudaron a realizarlo. Lo mismo ocurrió con mis compañeros de destinación.</p>
<p>Con el pasar de los días, las historias de sobrevivencia se veían a diario en los noticieros. Además, comenzaron las cruzadas solidarias para la población más afectada. La idea era aportar tu granito de arena para la gente que lo necesitaba. Muchas organizaciones lanzaron sus campañas de ayuda, como por ejemplo, el Hogar de Cristo, Un Techo para Chile, Teletón y Caritas Chile. Lo importante era que todos iban con el siguiente slogan pegado al pecho: “Chile apoya a Chile”.</p>
<p>De estas ideas uno se contagia. Así en nuestra comuna, por iniciativa de las municipalidades de la III Región, se inició la recolección de alimentos y vestimenta. Todos participaron. Desde los funcionarios públicos hasta la gente común y corriente que se iba sumando a esta iniciativa. Me tocó ir a diferentes localidades del Valle de Huasco, donde me di cuenta de la tremenda generosidad que existía en todos esos lugares: lo pocos alimentos que disponían eran donados para sus hermanos del sur. A cada instante me emocionaba al ver la disposición por ayudar.</p>
<p>En tres días logramos recolectar más de 800 bolsas de alimentos que serían entregados a las familias del centro-sur del país. En ese momento logré conversar con la alcaldesa de Alto del Carmen y ofrecerme, como voluntario que soy, para ir en la comitiva que viajaría a las zonas afectadas por el terremoto. Y funcionó. En total, el grupo estuvo conformado por 7 personas, quienes partimos junto a los 2 containers de 30 toneladas de alimento y ropa cada uno, que solidariamente nuestra gente había donado para sus compatriotas.</p>
<p>Seguía cada vez más y más admirando de la generosidad del pueblo chileno. En la caravana en que me dirigía al sur veíamos cómo las otras ciudades se sumaban a la ayuda. Con sus banderas y gritos de apoyo transmitían su fuerza a sus hermanos. Así, luego de 48 horas de viaje, llegamos a la región del Bio-Bio, donde se encontraban las localidades que sufrieron el mayor daño debido al terremoto y posterior tsunami.</p>
<p>Al arribar a Tomé, existía un grupo de personas muy bien organizadas en un lugar inmenso para el acopio de las cosas que venían llegando. Con los diferentes líderes, autoridades de las comunas que viajaron y los presidentes de las juntas de vecinos se diseñaron las rutas de entrega. Este trabajo de logística buscaba que la ayuda llegara a la mayor cantidad de gente y, sobre todo, a los más necesitados. La coordinación fue perfecta.<br />
<a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/geovannyguerrerodichato.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1577" title="geovannyguerrerodichato" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/geovannyguerrerodichato.jpg" alt="" width="448" height="336" /></a><br />
Los pueblos que visitamos fueron Dichato, Tomé, Colchohue y Penco. Cada una con su terrible historia sobre la tragedia y con el temor de la población por las continuas réplicas.</p>
<p>No podré olvidar mi ingreso a Dichato, pues fue arrasada por la furia del mar, llevándose todo cuanto estaba a su paso. Describir la destrucción que causó resulta imposible. Penan en este lugar las vidas de las personas que aún están desaparecidas y no tuvieron la fortuna de sobrevivir y que ahora son las víctimas de esta catástrofe.</p>
<p>Ahí te das cuenta cuan insignificante eres frente al poder de la naturaleza y el respeto que hay que tenerle en sus diversas formas. Con la gracia de Dios puedo decir que estoy bien y que ahora ayudo a los que lo perdieron todo. En el grupo conocí a 6 chicas de la Universidad de Atacama de Copiapó que se vinieron a colaborar con sus conocimientos de enfermería. Nuestro trabajo se extendía desde las 10 a 21 horas, debido al toque de queda que regía en la zona para cautelar el orden y los saqueos que ya habían causado el desabastecimiento en la región.</p>
<p>Nos desplazamos por todos los campamentos y asentamientos donde la población estaba albergada. Algunos no querían regresar por la inseguridad del terreno y el temor que las replicas provocaran otro maremoto.</p>
<p>Arreglamos bolsas de comida, descargamos camiones, repartimos comida, entre muchas otras tareas. Sin embargo, lo que verdaderamente me gustó hacer fue conversar y sacarles una pequeña sonrisa a los niños. Su inocencia frente a tanta tragedia resultaba fortalecedor. Con mi nariz de payaso los transportaba a un circo imaginario, donde abundaban los chistes y las sonrisas que sólo los niños pueden tener en los peores momentos.</p>
<p>Así me los gané. Dejaban sus cosas y se acercaban a contarme y conversar con mi extraño acento sobre porqué tenía esa curiosa nariz roja. No podía estar más feliz rodeado de estos pequeños y dando una alegría a estas humildes criaturas.</p>
<p>Las historias de la gente que fue protagonista de esta tragedia provoca que uno simplemente les diga fuerza, ánimo, estamos con ustedes y vamos a salir juntos de esta situación.</p>
<p>Luego de casi una semana en el sur, regresé a Alto del Carmen a seguir trabajando y hacer nuevas campañas de ayuda para no dejarlos desamparados. Sé que ahora existen miles de formas de colaborar en la construcción de casas, recolección de alimentos, frazadas y ropa. Sin embargo, creo que es fundamental llevar más gente que alegre a la comunidad, en especial, a los niños. Que les hagan reír y pasar por alto, aunque sea por un momento, este mal recuerdo.</p>
<p>¡Ánimo Chile que sí se puede!</p>
<p><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/geovannyguerreropayaso.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1579" title="geovannyguerreropayaso" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/geovannyguerreropayaso.jpg" alt="" width="448" height="336" /></a></p>
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		<title>Víctimas de un segundo terremoto</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Mar 2010 13:23:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>América Solidaria</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Viven hacinados en habitaciones precarias, los ratones son visitas permanentes y se sienten tratados como ciudadanos de segunda categoría. El día a día de los inmigrantes que residen en Santiago, antes del terremoto que afectó al país la madrugada del 27 de febrero, resultaba denigrante. Ahora es peor.

Mira para todos lados. Confirma que nadie más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/inmigrantes2final.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1549" title="inmigrantes2final" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/inmigrantes2final.jpg" alt="" width="448" height="297" /></a>Viven hacinados en habitaciones precarias, los ratones son visitas permanentes y se sienten tratados como ciudadanos de segunda categoría. El día a día de los inmigrantes que residen en Santiago, antes del terremoto que afectó al país la madrugada del 27 de febrero, resultaba denigrante. Ahora es peor.<br />
<span id="more-1546"></span></p>
<p>Mira para todos lados. Confirma que nadie más la está escuchando y se lanza. Ahora no hay cómo pararla. Habla ininterrumpidamente por 5 minutos y se detiene. Escuchó un golpe de puerta. Puede ser el arrendatario…</p>
<p>La señora Berta (nombre ficticio), una inmigrante peruana que vive en la zona más afectada de la capital por el terremoto, tiene miedo. Debe abandonar la casa de 21 habitaciones que comparte con otros 80 compatriotas, debido a que ésta sufrió daños estructurales. El problema es que no tiene papeles y, por ende, prefiere quedarse en el lugar. “Pueden arrestarme por la situación en que me encuentro y por la forma en que entré al país”, concluye notoriamente afligida la mujer de 50 años.</p>
<p>El dueño de esta especie de conventillo no les facilita las cosas. Nunca lo hizo y ahora tampoco parece tener la intención. Hace 10 días se presentó para informarles que debían dejar el sitio, además, de aprovechar de cobrar el mes de marzo. “Intentamos explicarle que no teníamos dónde dejar nuestras cosas”, asegura Berta. Su respuesta fue concluyente: “Me importa un maní”.</p>
<p>Si previo a la catástrofe debían lidiar con el hacinamiento en sus precarios hogares, los problemas de higiene debido a la existencia de tan sólo 2 baños para casi un centenar de personas y el mal trato de una parte de la población. Actualmente, los inmigrantes peruanos, bolivianos, ecuatorianos y colombianos tienen que sumar una nueva prioridad: buscar dónde vivir.</p>
<p>Para Rosario Carvajal, vocera de la agrupación de Vecinos por la Defensa del Barrio Yungay, en las condiciones en que se encontraban “era lógico que ocurriera, era una situación que hace años denunciamos” y, según ella, nunca se hizo nada al respecto.</p>
<p>La gran mayoría de ellos habitaba en casas de adobe al interior del barrio Yungay. Las cuales no resistieron el sismo de 8.8 grados Richter del sábado 27 de febrero. Actualmente, los pedazos de barro seco y ladrillo adornan el interior de sus piezas como también la parte de afuera de lo que hace pocos días consideraban sus hogares. Lo acompañan grandes grietas en las paredes que parecen advertirles que lo peor está por venir. Y así parece ser…<br />
<a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/inmigrantes3final.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1551" title="inmigrantes3final" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/inmigrantes3final.jpg" alt="" width="448" height="316" /></a><br />
<strong>Y verás como quieren en…</strong></p>
<p>Hace más de una semana que Rubén Solano (nombre ficticio) está buscando casa. Es inválido y vive junto a su madre en el mismo cité que la señora Berta. “Al momento del terremoto un vecino botó la puerta, me tomó de los brazos junto con la silla de ruedas y nos ayudó para salir al exterior de la casa”, cuenta este hombre de 36 años cuyo rostro rasgado hace que pareciese mucho mayor.</p>
<p>El problema es que las viviendas que les están ofreciendo son las mismas que fueron deshabitadas por evidentes problemas en sus estructuras y, además, a precios mayores de los habituales. “Yo pagaba 65 mil pesos sin contar luz y agua. Todo lo que he visto está por sobre los $100.000”, confirma este ciudadano peruano cuyo oficio de cuidador de autos no le permite semejante gasto.</p>
<p>Tal como la mayoría de los inmigrantes, antes sólo pensaba en conseguir el dinero suficiente para comer y pagar el arriendo. No siempre lo lograba. Sin embargo, en esos momentos se hacía presente la solidaridad entre los vecinos. “Mi sueño es trabajar donde tenga contrato y un buen sueldo”, cuenta Raúl.</p>
<p>No es sólo el suyo sino la esperanza de todos ellos.</p>
<p>Así también, lo ratifica Berta quien se encontró con otro tipo de inconveniente. “A peruanos no arrendamos ahora sólo chilenos”, es la frase que le repitieron cuando buscaba un nuevo hogar en la zona de Pajaritos. Lo cual, se suma al trato vejatorio recibido por parte de algunas personas: “Después del temblor fui a comprar pan y una mujer me trató de peruana rota, por qué no me iba para mi país, que le quitábamos la poca comida que queda acá”, asegura la mujer totalmente apesadumbrada.</p>
<p>Eso sí, tanto la señora como Rubén son enfáticos en señalar que la mayoría de la ayuda ofrecida y entregada proviene de sus vecinos chilenos y de determinadas organizaciones sociales. Por lo cual, “estamos sumamente agradecidos con la gente de este país”.<br />
<a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/inmigrantesfinal.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1548" title="inmigrantesfinal" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/inmigrantesfinal.jpg" alt="" width="448" height="271" /></a><br />
<strong>El problema de la ayuda</strong></p>
<p>El Hogar de Cristo, el Instituto Católico Chileno de Migración (Incami) y el Servicio Jesuita a Migrantes son las instituciones que han liderado la entrega de ayuda a los más de 2000 inmigrantes de la capital que se vieron damnificados por el terremoto.</p>
<p>Los principales servicios de asistencia son voluntarios en terreno, donación de alimentos y el recorrido de unidades médicas por los puntos más urgentes. Además, se dispuso de un albergue tal como lo replicó, días después, la Municipalidad de Santiago en el Estadio Víctor Jara.</p>
<p>Sin embargo, este último punto no ha funcionado. En la locación ubicada en el Hogar de Cristo sólo llegaron 40 personas por día. Mientras tanto, en el ex Estadio Chile se contabilizaron 36 individuos cada jornada. Y todos eran ciudadanos chilenos. ¿La razón? Se puede entender por dos motivos.</p>
<p>Por un lado está la inquietud de dónde dejar las pertenencias que durante años de trabajo lograron acumular.</p>
<p>En la esquina de Avenida España con Toesca, Elvis Salazar instaló una carpa donde vive con su esposa y sus dos hijos pequeños. Uno de tan sólo 6 meses de edad. Junto a ellos, otras tres familias peruanas se establecieron en el mismo sitio. Llevan 14 días viviendo en la calle a la espera de poder solucionar el dilema habitacional.</p>
<p>Este artesano de calzados es enfático en afirmar que no abandonará este lugar a pesar de las condiciones en que se encuentra debido a que “no quiero perder mis bienes”. Asegura, que si se va a un albergue el arrendatario de su departamento es capaz de “venderlo todo”. Y no está dispuesto a correr ese riesgo: “Nos quedaremos en la calle hasta que encuentre otro lugar dónde vivir y pueda llevar mis cosas”.</p>
<p>No le urge esperar. Desde que llegó al país, en el año 2000, son reiteradas las oportunidades en que ha tenido que partir de cero: “una vez me estafaron con una casa y luego con un negocio. En ambas perdí todos mis ahorros”.</p>
<p>Elvis está seguro que se levantará nuevamente junto a su familia y agrega que “todos mis compatriotas vienen con el objetivo de tener una mejor vida. Trabajando duro es la única manera de obtenerla”.</p>
<p>La misma postura han tomado cientos de inmigrantes. Tanto en la plaza Yungay como en otros puntos críticos de Santiago se observan pequeñas comunidades establecidas con carpas y toldos, cuya única intención es estar cerca de sus ahora inhabitables casas.</p>
<p>El otro motivo se explica por la preocupación de aquellos que se encuentran indocumentados en el país.</p>
<p>A pesar de la insistencia de las autoridades de que no serán deportados, ellos prefieren seguir en las sombras. No se arriesgan y evitan ser parte de un catastro que los identifique como “sin papeles”.</p>
<p>Es la vida post terremoto de aquellos que previamente se encontraban en un constante  sismo social. Son las víctimas invisibles de esta catástrofe. Quienes toman esta tragedia como una oportunidad para que tanto los personas encargadas de tomar decisiones y la sociedad civil centre, por fin, sus ojos en las denigrantes condiciones en la que se hallan.<br />
<a href="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/inmigrantes4final.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1553" title="inmigrantes4final" src="http://www.americasolidaria.org/wp-content/uploads/2010/03/inmigrantes4final.jpg" alt="" width="448" height="297" /></a></p>
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