Llegó el momento de la igualdad

Publicado: 10/06/10

América Latina y El Caribe han tenido grandes avances en materia de unidad, cooperación entre países y apertura comercial. De hecho, desde el 2002 a la fecha la región se puede congratular de haber reducido los índices de la pobreza en un 11%. Sin embargo, falta mucho por avanzar. Aspectos como el derecho a la salud, el acceso a los servicios básicos y la universalización de la educación son aún temas pendientes.

Un ámbito aparte es la inequidad social. A pesar que los números demuestran haber progresado en la eliminación de la pobreza, América Latina y el Caribe resultan ser la zona más desigual del mundo. Lo anterior, nos hace reflexionar: ¿Qué pasa que por un lado la cantidad de personas vulnerables disminuyen y por el otro aumentan las brechas entre aquellos que tienen más y los que poseen menos?

La respuesta se encuentra en cómo se está midiendo la pobreza. Y, por lo mismo, nos dirigimos a la CEPAL, donde hace una semana atrás se presentó una nueva hoja de ruta para terminar con la desigualdad de la región. El documento llamado “La hora de la igualdad. Brechas por cerrar, caminos por abrir” hace propio el enfoque multidimensional para medir la pobreza, término que tomó fuerza en la última década.

“No lo hace de manera explícita pero el enfoque multidimensional está presente. El hecho de que el documento plantee políticas en varias direcciones supone que la vulnerabilidad depende de una serie de factores”, aclara Martín Hopenhayn, Director de la división de Desarrollo Social del organismo y principal redactor del informe.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de la multidimensionalidad para medir la pobreza?

Habitualmente ésta se mide de acuerdo a un cierto umbral de ingresos que se estima suficiente para cubrir las necesidades básicas del hogar. Pero el enfoque multidimensional establece que no existe una correlación lineal y absoluta entre calidad de vida y nivel ingresos. Sino que hay otras variables que participan.

¿De qué variables estaríamos hablando?

El acceso a servicios básicos, los años de educación y el tipo inserción laboral, por ejemplo, si es formal o informal, son importantes. Igual de trascendental es el capital social que se tiene, como también, el derecho a salud durante todo el ciclo de vida.

¿Conceptos más abstractos, como el nivel de felicidad de las personas, podrían ser parte de los futuros mecanismos de medición de la pobreza?

Este no es tema de la vulnerabilidad. Lo que sí se puede correlacionar es el nivel de ingresos de las personas con sus expectativas de vida. Por ejemplo, si tiene o no confianza en el futuro o si cree que a sus hijos le irá mejor que a ellos.

¿Qué reflexión llevó al desarrollo de “La hora de la igualdad”?

En Latinoamérica se da que los logros educativos por grupos sociales son muy diferenciados, y que luego, en la inserción laboral ocurre lo mismo. Esta es una de las máquinas que reproduce las desigualdades. La otra se refiere al Estado social. Es decir, en qué medida las políticas públicas pueden revertir estas diferencias estructurales.

Mirado desde otro punto de vista. ¿Qué se estaba haciendo mal en los diferentes países de América Latina y el Caribe que originó este documento?

Ambos aspectos se trabajaron de mala forma durante décadas, transformando a la región en la zona con mayor desigualdad del mundo.

¿Qué medidas concretas deben tomar los distintos Gobiernos para hacer realidad este llamado a la igualdad?

Desde el punto de vista de la educación se debe universalizar el acceso a la enseñanza pre-primaria. Ésta cumple un gran rol en revertir las desigualdades de origen. Incluso más que la básica. Además, es necesario el desarrollo de políticas focalizadas en los sectores más vulnerables que impidan la deserción. Se ha visto que concluir secundaria, por el simple hecho de la certificación, hace una diferencia fundamental en el acceso a empleos formales o no.

El documento habla del desarrollo de un Estado de Bienestar. ¿Con qué tipos de políticas públicas se vería reflejado lo anterior?

Mediante el acceso a la salud y la seguridad social. Es decir, apuntar hacia un componente solidario y no meramente contributivo. Por ejemplo, que la gente que accede a jubilaciones no sea solamente aquella que durante 30 años se mantuvo en un empleo formal sino que por derecho ciudadano la población de más de 65 pueda disponer de algún tipo de transferencia desde el Estado.

¿No será contraproducente hablar de Estado de Bienestar conociendo la realidad económica de diversos Gobiernos europeos luego de la crisis económica?

Es importante entender que no son Estados de Bienestar al estilo europeo. Éstos poseen una carga tributaria del 40% para arriba con respecto al PIB. Mientras que en América Latina y el Caribe, en promedio, es del 17%. Además, son países donde el ingreso per cápita bordea los 40 mil dólares al año. Muy superior a los 15 mil, que correspondería al más alto de nuestra región.

¿La hoja de ruta desarrollada por la CEPAL tiene objetivos a corto o mediano plazo?

Debido a la heterogeneidad entre los diversos países de América Latina y el Caribe es imposible lo anterior. El documento entrega cierta orientación general. Es muy distinto el caso de Chile donde la pobreza alcanza el 13% al de Haití o Nicaragua cuyos índices superan el 60%.

¿Qué países están más aventajados para cumplir con el llamado a la Igualdad?

Chile, Argentina, Uruguay y Costa Rica. Son países que cuentan con los recursos fiscales para comenzar a desarrollar las políticas anteriormente descritas. Incluso, algunos ya comenzaron con resultados muy positivos.

¿Qué pasa con aquellas naciones cuya realidad difiere de lo planteado anteriormente? Como por ejemplo, Haití o Guatemala.

Lo fundamental es recoger recursos. Es decir, romper con el círculo vicioso que establece lo siguiente: al ser un país pobre no se pagan impuestos. Hay que elevar la carga tributaria en dichos países que, por lo general, es muy baja.

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