Una sonrisa que busca superar la tragedia

Publicado: 18/03/10

En medio de su trabajo en Alto del Carmen Geovanny Guerrero, voluntario ecuatoriano de América Solidaria, no lo pensó dos veces. Quería ir en ayuda de los damnificados por el terremoto. Buscó cómo hacerlo y lo logró. Así fue, que este ingeniero en sistemas computacionales, estuvo durante 6 días regalando alegría y carcajadas a la gente que lo había perdido todo. Esta es una más de las cientos de historias particulares que buscan entregar un grano de esperanza en medio de esta tragedia.

Geovanny Guerrero T.
Voluntario Ecuatoriano de América Solidaria

En la madrugada del sábado 27 de febrero, cuando estaba reunido junto a unos amigos sentí cómo se estremeció y tembló la pacha mama. Fueron dos minutos que provocaron el corte de la energía eléctrica y el colapso del servicio telefónico. Al rato, nos fuimos calmando y, sin novedad alguna, partimos rumbo a nuestras casas pues la fiesta se había terminado. Sin embargo, al despertar el pequeño sismo que afectó a nuestra comuna había mostrado su peor rostro en las regiones del centro y sur de Chile: un terremoto de 8.8 grados Richter acompañado de un maremoto había castigado a gran parte del territorio.

No podía salir de la admiración y asombro de estar sano y salvo ante tanta desgracia en el país que me había acogido para realizar el voluntariado. Luego, a reglón seguido, pensé en Macky la otra voluntaria ecuatoriana que estaba de vacaciones en el sur. Comencé a llamarla. No había caso. Ningún servicio funcionaba. Me imaginé que esta noticia correría por todo el mundo y mi familia en Ecuador estaría muy preocupada. Tampoco pude contactarme con ellos hasta que me ayudaron a realizarlo. Lo mismo ocurrió con mis compañeros de destinación.

Con el pasar de los días, las historias de sobrevivencia se veían a diario en los noticieros. Además, comenzaron las cruzadas solidarias para la población más afectada. La idea era aportar tu granito de arena para la gente que lo necesitaba. Muchas organizaciones lanzaron sus campañas de ayuda, como por ejemplo, el Hogar de Cristo, Un Techo para Chile, Teletón y Caritas Chile. Lo importante era que todos iban con el siguiente slogan pegado al pecho: “Chile apoya a Chile”.

De estas ideas uno se contagia. Así en nuestra comuna, por iniciativa de las municipalidades de la III Región, se inició la recolección de alimentos y vestimenta. Todos participaron. Desde los funcionarios públicos hasta la gente común y corriente que se iba sumando a esta iniciativa. Me tocó ir a diferentes localidades del Valle de Huasco, donde me di cuenta de la tremenda generosidad que existía en todos esos lugares: lo pocos alimentos que disponían eran donados para sus hermanos del sur. A cada instante me emocionaba al ver la disposición por ayudar.

En tres días logramos recolectar más de 800 bolsas de alimentos que serían entregados a las familias del centro-sur del país. En ese momento logré conversar con la alcaldesa de Alto del Carmen y ofrecerme, como voluntario que soy, para ir en la comitiva que viajaría a las zonas afectadas por el terremoto. Y funcionó. En total, el grupo estuvo conformado por 7 personas, quienes partimos junto a los 2 containers de 30 toneladas de alimento y ropa cada uno, que solidariamente nuestra gente había donado para sus compatriotas.

Seguía cada vez más y más admirando de la generosidad del pueblo chileno. En la caravana en que me dirigía al sur veíamos cómo las otras ciudades se sumaban a la ayuda. Con sus banderas y gritos de apoyo transmitían su fuerza a sus hermanos. Así, luego de 48 horas de viaje, llegamos a la región del Bio-Bio, donde se encontraban las localidades que sufrieron el mayor daño debido al terremoto y posterior tsunami.

Al arribar a Tomé, existía un grupo de personas muy bien organizadas en un lugar inmenso para el acopio de las cosas que venían llegando. Con los diferentes líderes, autoridades de las comunas que viajaron y los presidentes de las juntas de vecinos se diseñaron las rutas de entrega. Este trabajo de logística buscaba que la ayuda llegara a la mayor cantidad de gente y, sobre todo, a los más necesitados. La coordinación fue perfecta.

Los pueblos que visitamos fueron Dichato, Tomé, Colchohue y Penco. Cada una con su terrible historia sobre la tragedia y con el temor de la población por las continuas réplicas.

No podré olvidar mi ingreso a Dichato, pues fue arrasada por la furia del mar, llevándose todo cuanto estaba a su paso. Describir la destrucción que causó resulta imposible. Penan en este lugar las vidas de las personas que aún están desaparecidas y no tuvieron la fortuna de sobrevivir y que ahora son las víctimas de esta catástrofe.

Ahí te das cuenta cuan insignificante eres frente al poder de la naturaleza y el respeto que hay que tenerle en sus diversas formas. Con la gracia de Dios puedo decir que estoy bien y que ahora ayudo a los que lo perdieron todo. En el grupo conocí a 6 chicas de la Universidad de Atacama de Copiapó que se vinieron a colaborar con sus conocimientos de enfermería. Nuestro trabajo se extendía desde las 10 a 21 horas, debido al toque de queda que regía en la zona para cautelar el orden y los saqueos que ya habían causado el desabastecimiento en la región.

Nos desplazamos por todos los campamentos y asentamientos donde la población estaba albergada. Algunos no querían regresar por la inseguridad del terreno y el temor que las replicas provocaran otro maremoto.

Arreglamos bolsas de comida, descargamos camiones, repartimos comida, entre muchas otras tareas. Sin embargo, lo que verdaderamente me gustó hacer fue conversar y sacarles una pequeña sonrisa a los niños. Su inocencia frente a tanta tragedia resultaba fortalecedor. Con mi nariz de payaso los transportaba a un circo imaginario, donde abundaban los chistes y las sonrisas que sólo los niños pueden tener en los peores momentos.

Así me los gané. Dejaban sus cosas y se acercaban a contarme y conversar con mi extraño acento sobre porqué tenía esa curiosa nariz roja. No podía estar más feliz rodeado de estos pequeños y dando una alegría a estas humildes criaturas.

Las historias de la gente que fue protagonista de esta tragedia provoca que uno simplemente les diga fuerza, ánimo, estamos con ustedes y vamos a salir juntos de esta situación.

Luego de casi una semana en el sur, regresé a Alto del Carmen a seguir trabajando y hacer nuevas campañas de ayuda para no dejarlos desamparados. Sé que ahora existen miles de formas de colaborar en la construcción de casas, recolección de alimentos, frazadas y ropa. Sin embargo, creo que es fundamental llevar más gente que alegre a la comunidad, en especial, a los niños. Que les hagan reír y pasar por alto, aunque sea por un momento, este mal recuerdo.

¡Ánimo Chile que sí se puede!

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6 Comentarios

  1. Vero

    Que orgullosa me siento de leerte !!!

  2. TAMMY

    Que existan más Fundaciones Solidarias en el Mundo porque es muy necesario. ¡Ánimo Chile que sí se puede!

    Gracias Geovanny sigue adelante.

    ¡Saludos desde Ecuador!

  3. Leonardo P.

    Felicidades Geovanny por que así como tú hay pocos y espero que esto sirva para que muchos otros jóvenes se motiven, ya que el mundo nos necesita. No podemos quedarnos de brazos cruzados ante esta realidad que se acaba cada día. “No olvides que la esperanza sólo acaba cuando dejamos de creer”.

    Esperanza por un mundo mejor.

  4. Daysi Barahona

    ¡Muy Lindo y conmovedor! El relato de todo lo ocurrido me hizo brotar alguna que otra lagrimita. Por todo lo malo que uno puede palpar directamente y ver que aún hay gente que sienta con ganas de brindar una sonrisa a los que más la necesitan.

    Los felicito y que diosito los cuide.

  5. ROGER

    ¡Que bueno hijo! Es un orgullo para nosotros, como padres y ecuatorianos, el saber que estás ayudando de alguna manera a aquellas personas que están pasando esta tremenda tragedia.

    ¡Que DIOS les de fortaleza! ¡Te queremos!

    Saludos desde Sto. Domingo, Ecuador.

  6. Eddy Meza

    Que Dios te bendiga mucho Geovanny y que sigas dando ánimo a los hermanos chilenos. Decirles que sí se puede y que el Señor glorificará a su país.

    ¡Saludos desde Ecuador!

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