La juventud es una etapa de la vida que nos permite imaginar, soñar y ser “idealistas”. Dejamos atrás la inocencia de la niñez para comenzar nuestra propia búsqueda en el camino hacia nuestro futuro como adultos. Es una época maravillosa, contradictoria llena de confianza, incertidumbre, equivocaciones, energía y optimismo.
Viviendo esta etapa y como una forma de agradecer lo vivido ad portas de terminar de estudiar Medicina, elegí ir a Haití como voluntaria el año 2006. Sentía que antes de convertirme en médico, debía agradecer toda la entrega y el amor de mi familia y todas las oportunidades que hasta ese momento había tenido.
La Fundación América Solidaria me ofrecía la forma perfecta de hacerlo: ayudar a otros, en un país muy pobre y, por qué no, sentir que ayudaba a “salvar al mundo”.
Haití era un país absolutamente desconocido para mí. Poco sabía de él. Un país muy pobre y en el que se habla francés. ¡Ufff vaya desafío! Me imaginaba mucha pobreza, personas afro americanas, palmeras y mucho calor.
Me preguntaba… ¿Iba a ser capaz de aportar algo en ese país?
Al llegar allá, todo lo que había supuesto sobre las condiciones de vida era muy poco para la realidad de miseria, analfabetismo y suciedad en la que vivían los haitianos. Había tanto que hacer. ¿Cómo podrías marcar la diferencia con tanta miseria?
A medida que pasaba el tiempo en mi tarea de “Dokte Lorena”, no obstante, trabajara y me esforzara al máximo, sentía que cada acción era una gota de agua en un mar. Tal era el grado de carencia de niños, mujeres y adultos mayores que parecía ser una lucha sin fin. Por más que diera un tratamiento, sin agua, comida ni educación todo volvía al punto de partida. Realmente agotador querer salvar siquiera a un país en estas condiciones.
En uno de aquellos días extenuantes atendí a una joven haitiana enjuta, tímida y cabizbaja que consultó por dolor de cabeza y bajo peso. En la inocencia de los esquemas médicos aprendidos en la universidad le solicité varios exámenes… ¡como si fuera fácil hacerlos en Haití! Retornó al mes siguiente. Increíblemente todos los exámenes estaban normales. Algo debía sucederle. Algo debía tener. En mi incipiente creole y siguiendo mi afán de ayudar, le pedí que me esperara al término de la jornada para conversar. Me di cuenta que sus dolencias eran algo simple desde el punto de vista medico, sin embargo, de enorme complejidad psicológica, social y espiritual.
A partir de ese momento Medjine se convirtió en una especie de “ayudante” acudiendo en forma frecuente a la clínica, aprendiendo funciones de técnico paramédico con una rapidez impresionante.
Esa casualidad hizo darme cuenta que no estaba ahí para cambiar el mundo, sino que para otorgarle a esa joven las mismas oportunidades que yo había tenido hasta ese momento.
Medjine, tenaz y resiliente, ha logrado cursar su cuarto año de Enfermería en la Universidad de Notredame en Haití.
Quizás una gota en el mar sea algo ínfimo, sin embargo, creo si todos entregamos una gota a la vez seríamos capaces de conformar un océano.
Agradezco a todos y cada uno de quienes durante todos estos años han creído en esto y han recordado el optimismo, esperanza y confianza de la juventud para apoyar a esta joven a cumplir sus sueños, tal y como la vida me lo permitió a mí.

Lorena Salinas (Médico)
Puerto Príncipe, Haití 2006
































19 ene, 20102:14 am
Que hermoso y emocionante relato. Me encantaría poder ayudar aunque sea con un granito de arena a toda esa gente que está sufriendo en esas tierras tan lejanas,
24 ene, 20104:18 pm
Te felcicito Lorena por tu tenacidad y esfuerzo. Dejar en aquel pais tus enseñanzas y haberlas compartido es un aporte muy grande, mas que una gota de agua, a las insospechadas e inmensas necesidades que existen lejos de nuestros ojos.
De poder contribuir con una gota de agua a mejorar la vida de algun hermano, estoy completamente dispuesta a hacerlo.
Mis mas sinceros reconocimienstos a tu hermosa labor.
Desde Chile un abrazo gigante.